Me he dejado caer por este remolino de nostalgia hasta las tinieblas de los recuerdos,

he topado la puerta del silencio, pero hoy, tengo la llave.

La he guardado siempre bajo mis harapos oscuros, negros como el color de mis ojos al cerrarse.

Ahora la encuentro, rebusco entre mis entrañas y hayo la minúscula ganzúa.

Cuando la tengo entre mis frágiles manos, un huracán la deja caer.

Vuelvo mi cuerpo en su búsqueda, y me hallo de nuevo aquí, buscándola, buscándome.

El azul del cielo me entrega un suspiro del relej interno que no para de girar.

Miro la hora, desconfiando del siguiente paso que he de andar, y recuerdo

que dentro mía no existe el tiempo

que dentro mía, ni el día, ni la noche, guardan tonos oscuros

que dentro mía, el fuego sigue pidiendo soplos y experiencias que quemar, que vivir…

Cuando me muera, todos vendrán a despedirse de mi cuerpo,

como si fuese lo más importante que deje aquí.

Cuando me muera, todo serán halagos, palabras bonitas, disculpas, pesares.

Se parara el tiempo para algunos durante mi velatorio, y las lágrimas caerán por las mejillas.

Que pena tener que esperar hasta el momento de la partida para dar abrazos, mandar te quieros y confesar verdades; que pena que el cuerpo sea tan sumamente importante, que enfrente de él no podamos abrirnos el pecho. Que pena que las confesiones más jodidamente incofesables y las preguntas tremendamente intencionadas, se reserven para ese momento…

Y uno lo ve, porque lo ha experimentado; y cuando uno guarda una experiencia con incoherencia en él, no quiere volver a repetirlo.

Supongo que de eso se trata la vida, de aprender de uno y de los demás…que a fin de cuentas, son lo mismo.

Oh fuego que andas en mi interior, ¿por qué no te atreves a salir?

¿Seré yo la responsable de todo este proceso de interiorización que lanzo a los demás para que me salven en mi propio trabajo?

Luces y sombras forman el mismo paisaje; las liebres corren libres y no las quiero dejar…es la naturaleza la que me empuja a vomitar estas palabras, con un sentido escondido, casi a punto de descubrir.

Tengo derecho a ser como soy, Mi libertad termina donde comienza la tuya…últimamente ando dándole vueltas a esto..pero, qué es la libertad? Supongo que algo parecido a sentir para fuera, a gritar cuando me hace falta y abrazar la mayoría de las  veces.

Porque, dolorosamente para mi ego, he caído en cuenta de que mi vida no tiene sentido sin los demás. Puedo sobrevivir, tomarme mi café todos los días y mirar la mar…pero si no tengo con quién compartirlo, qué es todo este mundo ilusorio?

Se habla últimamente a boca llena de la necesidad de amor. ¿Qué será eso de “amar”? Puede que una mezcla de compasión, aceptación, confianza e igualdad.  ¿O crees que el que está sentado enfrente tuya es muy distinto a ti? Si…puede que sus propósitos sean distintos, porque a veces, cometemos el error de mirar solo hacia fuera; Pero por dentro, somos todos iguales. O eso creo yo.

Y hablo por mí, porque me parece bastante egocéntrico y a la vez conmovedor, hablar en nombre de la humanidad que me habita.

Esto es una montaña rusa; a veces me siento cayendo por un laberinto infinito de emociones que no consigo descifrar conscientemente. Otras, hayo la respuesta intelectualmente hablando, pero no sirve de nada, pues cuando te veo, la olvido…

¿ Qué será eso de “trata a los demás cómo te gustaría ser tratado”?

Pum, una explosión acaba de adueñarse de mi ser…

No hemos aprendido nada
O lo hemos aprendido todo en una profunda sacudida.
Todo lo necesario para volver ahí fuera
A los escombros, a los vientos mandados desde el más allá, a los terremotos de egos.

Tiene gracia pensar que la vida seguirá su curso aunque nosotros dejemos de respirar.
Con darme cuenta de mis heridas, ya habré ganado una batalla al sinsentido.
Con darme cuenta de mi fragilidad, podré admitir qué necesito y que deseo.
Y es que, el mar sigue jugando con su fuerza, y nosotros no podemos coger las olas entre las manos.
Y es que la hierba sigue creciendo, y a nosotros solo se nos ocurre cortarla…
Y es que…seguimos distinguiendo entre blancos y negros, malos y buenos, fuera y dentro.

Puede que esta noche encuentre una respuesta satisfactoria que alumbre mi camino,
Pero debo estar dispuesta a oír cosas que no quiero, pero siento.
Sentir cosas que mis sentidos camuflan con miedos inventados para la confusa supervivencia.
O puede que un hada madrina me secuestre en mis sueños y me muestre el sendero anhelado…

Somos tan complejos, que a veces, me asusto de mí misma.
Luego, recuerdo de dónde vengo y a dónde voy, y todo se convierte en luz.
Una luz impulsada por mi consciencia y alimentada de fuego.

Si la pregunta está bien formulada, toda estadística demuestra que puedo encontrar una respuesta válida; pero si la pregunta está mal formulada….acabo escondiendo mi cabeza en la cueva de la confusión.

Tengo una confesión pendiente entre mi corazón y tus dedos

guardo el miedo en un ataúd vacío y repleto

repleto de sinsentidos y contradicciones,

que solo tú entiendes.

Tengo ganas desmedidas de cruzar mis ojos con los tuyos

de soplarte pa dentro,

de sorberte por fuera.

Tengo preguntas que ni siquiera tú sabrás responderme

y aún así, sigo llenándonos de interrogantes

de ilusiones, de pétalos coloridos buscando su centro.

Estoy flaca de no verte,

estoy llena de emociones de luz,

de letras sin terminar  y líneas de palpitaciones.

Soy sol y luna, soy noche y día, soy calor y frío;

Estoy desbordada de venas interminables que me unen a ti.

Y mi piel no entiende de fronteras ni de relojes.

No le puedo tener miedo al fuego,

cuando ya forma parte de mí…

 

 

 

 

Solo sé…que sé muy poco de la vida, de las flores y la metamorfosis, del cielo y de mí misma.

Este encerramiento obligatorio está convirtiéndose en un autoestudio interno para mí; tengo la suerte del contar con el apoyo de mi familia, tanto la de sangre, como la que he construido con todas esas personas que me acompañan en mi camino. Y sí, en estos momentos me doy cuenta de que tengo muchos hombros en lo que llorar y muchas sonrisas que devolver.

Irremediablemente, tendremos que salir ahí fuera; me refiero, al sistema impuesto. Tendremos que encontrarnos con injusticias cara a cara, y quizás, volveremos a bajar la cabeza o mirar hacia otro lado. La sumisión a los estándares sociales-económicos-culturales viene de tantos años atrás, que no se puede cambiar de un día para otro. Pero creo que es primordial el darnos cuenta de que siempre tenemos, mínimo, dos opciones.

Hace unos años, conocí una persona de esas que cada vez que abre la boca, te enseña algo; esta mujer si que era luchadora…resulta que su marido había muerto años atrás como consecuencia de un jodido cáncer; sus hijos, ya mayores, habían pasado todos, uno detrás de otro, por Proyecto Hombre en su lucha por dejar las drogas.

Con a penas 42 años, a Adolfo, su hijo mayor, le  fue detectado un cáncer galopante; tan galopante, que se lo llevó por delante en 3 meses.

Recuerdo que en uno de nuestros encuentros posteriores a todo esto, yo le expresaba mi asombro por la fortaleza con la que llevaba aquella situación, a lo que ella me respondió: “Tengo dos opciones: o me meto en un rincón a llorar y a maldecir todo lo que me ha pasado, o sigo adelante”.

 

“Manuel tiene un pequeño comercio de audífonos.

Su querido abuelo, con el que pasaba todos los veranos en Brasil, fue quién le enseñó el tacto de los perros, y el olor de las flores.

Con él también aprendió a oír salir el sol en los amaneceres y a sentir la luna acercándose.

Braulio, viudo desde hacía más de veinte años, había dedicado su vida a cuidar de sus cabras y de su pequeña granja que, cariñosamente, compartía con su mujer.

Ya no recordaba con dolor los paisajes que contemplaba desde las montañas cuando aún conservaba la vista; si recuerda, sin embargo, el poco caso que le hacía a sus dedos cuando paseaban sigilosos entre las hojas de aquel libro antiguo, y de sus manos cuando abrazaba a su nieto recién llegado en los meses de Junio.

Y se había acostumbrado resignadamente al canto de los gallos por las mañanas, a las campanas de la iglesia del pueblo que auguraban las horas puntas; a las noches de aguacero sin descanso.

No valoraba muchas sensaciones de su vida que, gracias a su ceguera, había descubierto.

Había tenido la suerte de nacer viendo la vida con ojos de ser humano, para luego a aprender a contemplar con la mirada inocente del alma”.

El sexto sentido es el sentido del alma, el canto a la libertad que nace de un lugar profundo dentro de mí, alojado más adentro del corazón. Es como un hilo transparente e infinito que me hace ser copartícipe de todo lo que sucede fuera de mi cuerpo y a mi alrededor.

Cuando se activa este sentido, me siento tan plena que todo el Universo cabe dentro de mi ser y ya no hay vuelta atrás. Mi consciencia es el ama de este sentido, que me hace vencer la individualidad y creer de nuevo en el amor.

Así, por más caídas y desbarajustes, nunca me siento perdida ni vencida, pues no hay ninguna lucha que suceda fuera de mi mente.

Somos tan grandes, pero nos sentimos tan pequeños e insignificantes, que creemos, cegados por valores heredados sin cuestionar de generación en generación, que nuestro paso por el mundo es insignificante, poniendo nuestro foco de atención en cuidadores externos a nosotros, idolatrando una y otra vez a fantasmas exteriores, desconectando de nuestro instinto supremo de espiritualidad.

No, no quiero sentidos transitorios; ni expectativas programadas hacia un futuro que seguramente no dibujaré si mis porpósitos, si mis sueños, están desconectados de mi misma.

No, no me conformo con noticias desoladoras día sí y día también, pues estoy segura de que se suceden pequeñas bellas hazañas a lo largo y ancho del planeta cotidianamente; otra cosa es que no nos paremos a verlas.

 

Son las 20.59 de la tarde. Ya, pasadas las 20.00, los aplausos delatan que un día más ha sido superado…y es increíble como los vecinos de los barrios siguen guardando esperanza y ganas de animar con sus gritos, con sus sonrisas y con sus corazones, al mundo.

Siempre son inevitables la contradicciones entre tantas consciencias despiertas; un vecino del bloque de enfrente acaba de gritar; ” quitad la música, que España está de luto”, dirigiéndose a un marchoso piso que, todas las tardes, anima al vecindario.

Tenemos mucho tiempo para pensar en estos días, en los que no hay derecho a trabajar, pero si obligación de comportarnos como civilizados ciudadanos y mantenernos en nuestras casas…aunque las necesidades primarias de la pirámide de Maslow no estén garantizadas por nadie.

Y yendo al super es inevitable no  construir maneras de acercarnos a los demás, porque la sociabilidad cotidiana se ha marchitado. Yo, que tengo la suerte de no vivir sola en casa, puedo llegar a imaginar la pesadez de levantarse un día tras otro mirando por la ventana buscando una figura humana que delate que hay personas en este planeta.

El drama me acompaña por momentos, y le doy gracias, pues es el que me ha empujado a escribir estas líneas.

” Y nos fuimos para adentro, y navegamos con una pobre antorcha hacia nuestras entrañas; aunque el barquillo sea frágil, aunque las olas sean sofocantes y la oscuridad desafiante, seguimos flotando en el mar.

De repente, vislumbro una figura a la lejanía, inmóvil en el horizonte; y como si de mi salvador se tratara, aligero mi remar hacia ella; mis brazos no dan tregua y me impresiono a mí misma por la  fortaleza que me empuja. Y de repente, mis remos se parten, perdiéndose en el fondo del oscuro agua…

Que será de mí, si solo dispongo de la fe”

 

 

Hoy no es para siempre, y el mañana vendrá…

No sé donde leí o escuché eso, pero, retumba en mis oídos como si de un mantra se tratara.

Aunque puede que no haya mañana, y que mis últimos suspiros se respiren hoy, Quién sabe. “No le tengo miedo a la muerte porque tengo todos los deberes hechos”…

Me quedo en blanco a la hora de teclear, pero mis yemas parecen tener su propia vida, su personal forma de poner en funcionamiento mi cerebro. Y es que está todo conectado, Y estamos todos conectados, aunque lo ignoremos, no nos paremos a  analizarlo y lo odiemos.

La verdad que hate es una palabra bastante fea, insípida, dolorosa; yo prefiero sunrise o smile. Y con lo poco que me queda de ese inglés que yo creí saber y ser una experta, que ahora solo me recuerda palabras y frases sueltas en mi mente que me trasladan a otro lugar.

Te vas, te escondes, pero te encuentran. Y cuando menos ganas tienes de formar parte de este todo al que llaman sociedad, más te parecen exprimir. Como al zumo de naranja natural que creo que, nunca en mi vida me he preparado para mí misma. Es más cómodo el zumo en bote, con su mínimo por ciento de fruta y su alto contenido en conservantes.

¡ Eh ahí la clave! Conservantes. Todos queremos durar más, que el día sea más largo y las agujas no avancen, aunque una parte de nosotros nos recuerde que ha sido una día un tanto insaboro… Y el corrector vuelve a corregirme, y yo me enfado con él y con mis dedos, que no paran de correr a través de mi teclado blanco. Teclado que aún sigo pagando religiosamente por domiciliación bancaria.

Los bancos son otro tema que hoy no tengo ganas de tocar.

En fin, voy a comer sardinas a la salud de Málaga . No olvidemos que, a pesar de todo, aún estamos vivos, y respiramos…