Me quito mi atuendo y empiezo a escribir. Tonta de mí, que creo que estas líneas te llegarán allí arriba. Pero quién sabe, las palabras tienen eco y resonancia desde cualquier parte del mundo, incluso entre mundos paralelos.

Hace ya más de un año que te fuiste. Sigiloso, callado, sin despedirte. Ello me hace pensar que tenías tantas cosas que decirnos, que optaste por no decir nada. No tenías tiempo. Tu cuerpo y tu interior no dio a  más. Siempre fuiste una persona callada, pero habladora de mirada. Esa mirada profunda que muchas veces, cuando me miro en el espejo, la veo.

Me has dejado mucho, tanto, que las palabras nos son suficientes.

La otra noche, viendo una película frente al mar, una estrella desde arriba casi me hablaba. Ilusa de mí, pensé que eras tú. Estás en todas partes, pero no te veo. Es decir, no te siento a través de esa apariencia física que tenías, con esas arrugas de pena y tus piernas, con las que ya casi podías andar.

No hay muchas novedades por aquí, en la Tierra. El gobierno…bueno, no sabemos si lo hay, se pelea por ocupar su sillón, y se sigue tirando pasteles entre uno y otro bando. La familia….qué te voy a contar que tú no sepas, juzga por ti mismo; Y yo, bueno, aquí sigo con mi lucha diaria entre mi cerebro y mi corazón.

 

 

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Todos perdemos a lo largo de  la vida. Perdemos objetos, experiencias, y personas. Creo que esto último es lo más doloroso, de lo que más nos cuesta despedirnos.

Es ley de vida, aunque nunca estemos preparados para ello. Las despedidas siempre me han resultado melancólicas …siquiera viajo a una hora de camino de casa, ya llevo esa espinita. A veces entran ganas de retroceder, de salir corriendo hacia atrás y quedarnos dónde estábamos, aunque no del todo bien.

Hace años conocí a una mujer que me impresionó por su fuerza, por su coraje hacia la vida. Años atrás había perdido a su marido, no recuerdo muy bien de qué;  a su hijo de a penas 40 años le habían diagnosticado un cáncer de pulmón, con tal nivel de metástasis, que se lo llevó por delante en a penas 3 meses. Con razón lo llaman galopante…A las semanas de morir su hijo, ella retomó su trabajo y sus quehaceres, y una tarde, con entereza, me dijo: “Tengo dos opciones, o me arrodillo en un rincón y sigo llorando y apenándome por esta injusticia, o sigo adelante”.

Realmente, tenía toda la razón. Hay ocasiones en la vida en la que hay que  ser valiente, colocarse la armadura y salir del nuevo al campo de batalla. Con lágrimas en los ojos y heridas en el corazón, pero seguir adelante….

“Escuela” viene del griego “σχολἠ”, que originariamente significaba “descanso”, “vacación”, “tiempo libre”, “ocio” “paz”, “tranquilidad”…. El verbo correspondiente a este sustantivo era “σχολἀζω”, cuyo sentido era igualmente estar ocioso, desocupado; tener tiempo para; estar libre [de algo], dedicar, consagrar tiempo [a algo]…… La escuela era el lugar donde, libre de preocupaciones o de las urgencias de la vida, las personas tenían tiempo para formarse y cultivarse, dedicándose a lo que las gustaba y las humanizaba. En relación con esta idea, la palabra “estudio” y el verbo “estudiar” vienen del latín. El sustantivo “studium” en latín significaba “empeño”, “afición”, “afán” (sobre todo, afán de aprender “studium discendi”). También el estudio era el desvelo o el afecto por alguien (“studia habere alicuius” era “gozar del afecto de alguien”). Hablar de estudiar algo sin gusto, como una pesada condena, era algo contradictorio, imposible, hasta tal punto que en latín para expresar que había que hacer algo a la fuerza, por obligación, se decía “non studio, sed offcio”, es decir “no por afición, sino por deber”. El verbo “studeo”, significaba “dedicarse a algo con afán”, “poner empeño”… Estudiar era poner el alma en algo que a uno le gustaba y hacía libremente. Lo cual no significaba que no exigiera un esfuerzo, que no fuera un trabajo: . Precisamente el sustantivo“disciplina” venía del verbo “disceo” “aprender”. Disciplina era la formación, la instrucción, pero también significaba “conocimiento”, “ciencia”, “arte”, como cuando se hablaba de la “disciplina stoicorum” para referirse al sistema filosófico de los estoicos, o se decía de alguien que era “homo summo ingenio ac disciplina” “hombre de gran talento y ciencia”. Sin disciplina, sin esfuerzo, eran imposibles la ciencia o el conocimiento.

A veces no necesito nada, solo un abrazo, una palmadita en la espalda, y un paseo por la ribera.

Hay días en los que ni quiero mirarme al espejo…y creo que nos pasa a todos. Y recuerdas ese momento en el que todo parecía idealmente perfecto, pero te caíste de la nube, y aún no sabes volar.

Sé cual es mi camino, pero cada paso cuesta más; no vale el camino rápido, no valen los atajos. Todo se ha convertido en un laberinto por el que trascurro a ciegas.

Escribir me sienta bien, incluso me abre los poros, me desintoxica, me da aliento. Por eso lo hago.

Sé lo que haré hoy, pero no lo que me esperará mañana, Y qué importa, si ni siquiera sé a qué hora me acostaré esta noche, ni con quién soñaré. Solo tengo este momento, que se convierte en eternidad mientras deslizo mis dedos por este teclado virgen.

Me he cansado de buscarte, porque ni siquiera sé quien eres. Y no sé si quiero saberlo. Si, mi ignorancia me envuelve en un fugaz estado de felicidad del que es difícil escapar.

Te veo cerca, aunque estés lejos. Te siento lejos, aunque estés dormido a mi lado. No escribo para que me leas, escribo porque me dejo llevar por las palabras y los sonido que dibujo en mi mente al descubrirme, al desnudarme.

No creo que me entiendas…porque, a veces, ni yo misma lo hago. Me tomo un café y empieza un día más de pensamientos, de ideas contradictorias, de deseos inmortales.

¿Estás ahí? Aquí te espero. En el mismo banco en el que nos conocimos. Confío en que sepas volver…

 

Siempre hay una salida, aunque hay días en que parecen esconderse ante nosotros.

Qué a gusto estoy aqu con mi soledad, mis pensamientos locos y mi misión de vida…no necesito nada más que ver los gorriones escondiéndose entre las tejas de la casa de enfrente.

Una vieja cortina con árboles dibujados percibo a lo lehos

Tarde o temprano conseguimos lo que nos proponemos. Solo hay que comprometerse con uno mismo, darse el valor que sabemos que tenemos, y actuar.

A veces, y durante períodos de tiempo, nos cuesta salir de nuestra zona de confort…se está tan calentito ahí parado, observando la misma rutina. Pero después de la tormenta, siempre lleva la calma. O porque no, los huracanes; huracanes de propósitos a tachar, de emociones, de experiencias , de momentos…

Y quién volviera a ser niño, para no preocuparse por nada…ahí está la clave, no pre-ocuparse. ¿Tú lo practicas? ¿Cuántas cosas inútiles tenemos en la cabeza desde que nos levantamos? Mira que todas las noches digo, hasta aquí, mañana será otro día! Pero los deberes naufragan por mi mente sin stop…

Medir el tiempo es peligroso. Estar pendiente de los relojes externos también. Creo que nosotros mismos sabemos más de lo que creemos, sabemos lo que necesitamos en cada momento, pero nos gusta el camino difícil, o quizás seamos un tanto masoquistas.