Aquella tarde gris todo se volvió rosa en el preciso momento en el que te vi pasar, con esos pantalones estrechos y desgastados y esa mirada de resaca. Eran las 16:15 de la tarde de un sábado cualquiera en uno de los bares que frecuentábamos en Pedregalejo, y las palomitas ya se habían acabado.

Recuerdo que la noche anterior nos juntábamos, como muchos viernes hacía meses , a las orillas de la playa a beber una litronas con nuestra música, nuestros pensamientos y nuestras risas.

Mira que he escuchado veces eso de ” cuando aparece, lo sabes en el preciso momento en el que lo ves” y no lo creía…no sé que era eso que me subía por el estómago, pero era algo inexplicable que me dejaba sin aire y me daba el impulso suficiente para brincar y acercarme a ti.

Vi tu espalda desde donde me tomaba mi café extra fuerte; vi tus pies descalzos balancearse cuál  perdidos de rumbo y fuerzas, y la vi a ella acercarse, sigilosa y morena del sol, a tu figura. Un beso en la mejilla, una sonrisa no ensayada, una palmadita en esa espalda que me traía loca…y hasta luego.

No fue hasta la semana siguiente que te volví a ver a lo lejos; siete días eternos en los que había soñado contigo noche sí, y noche también, dónde había escuchado nuestras charlas interminables, sin ni siquiera conocernos…

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Tú y yo

Y tú y yo, que no sabemos como nos hemos encontrado, aquí, míseros, miserables.

Dos almas perdidas en busca de una droga barata a compartir. Podrían ser besos, seguro.

De besos robados con las luces apagadas.

Sin luces ,sin estrellas, con cielos cubiertos de pájaros cantarines.

Estás ahí?¿ Yo siempre, mi amor.

Ahora sé que mi alma siempre está conmigo, en los encuentros familiares, en la soledad premeditada, en mi piel y dentro de ella; no encuentro escapatoria de ella y ni siquiera la busco, sé que voy a estar con ella toda la vida.

Anoche tuve un sueño increíble, una maga me daba la mano y me acercaba al más allá; te vi, te abracé, y comprendí que siempre vas  a estar ahí, por más distancia que halla en nuestros mundos, por más tinieblas que nos separen…y es que la vida es eso, aceptar, no resignarse a los cambios. Nos cuesta un soplo de nuestra alma, pero todo lleva su transcurso, como el río que atraviesa mis pies en este pueblo del sur….

Nieves García Benito, Por la vía de Tarifa

a través de Nieves García Benito, Por la vía de Tarifa

Por la vía de Tarifa 1

A Ignacio y M. Nieves. Mis padres
A Iñigo y Curro. Mis hijos
A Khalid de Beni Mellal. Que no vino en patera.
Con esta dedicatoria comienza mi “hermana querida” Nieves García Benito su libro de relatos Por la vía de Tarifa. Desde la hermosa terraza de su casa (Tarifa), se distingue una playa infinita, a lo lejos se ven pasar los transatlánticos mercantes y de lujo, barcos de pesca y por aquellos años 90 (tan lejos y tan cerca) aparecieron aquellas embarcaciones llamadas “pateras” con su cargamento de vida y muerte.
Nieves, mujer comprometida con causas muchas veces perdidas, se implicó, como era lógico, en la ayuda a estas personas que llegaban al borde de la inanición a la puerta de su casa.
De esas vivencias nacen estos 12 cuentos, unos tiernos como la mirada de una madre (“Cailcedrat”), otros duros (“El tiburón”), trágicos (“Benue, el sueño de una embarazada”), nostálgicos (“Naranjas rojas y amargas”). Relatos escritos con el corazón, pues ella no puede escribir de otra manera, y con buen hacer literario, tras muchos años escribiendo poesía, ensayos y cuentos.
Este libro está descatalogado y, sin embargo, su actualidad se está viviendo estos días con toda su fuerza.
Comentamos en este libro en la sesión de 9 de septiembre de 2015.

Por Inma García Benito

No son sueños eso que nos pasa por la noche; los sueños los vivimos despiertos, y plenamente conscientes

Rebuscando en el baúl de los recuerdos, a veces descubres grandes tesoros: esos sueños que dejamos de soñar por miedo a quedarnos dormidos

Nunca olvidaré la descomunal bronca de mi padre al encontrar una recopilación de poemas escritos por una niña de 8 años. La memoria solo me llega a descubrir, que uno de los versos acababa con la palabra “condones”, rima por la cual acabé transformándome en chapetas andantes aquel día. Yo era una niña tímida, soñadora y muy “sentía”; una peque con la cabeza llena de pajaritos. Hace ya muchos inviernos de aquello, y la verdad que ahora rememoro y me echo a reír…

Con esa edad más o menos empezó mi afición por la escritura y las rimas. En los años sucesivos me dio por exteriorizar todo esto, así que, les escribía cursis cartas de amor a mis padres, en las que él era el Príncipe, y ella, la Princesa. Todo ello influenciada, supongo, por las películas de Disney (de las cuáles hoy día, y sin lugar a dudas, me quedo con la de El Rey León) y por las románticas escenas que montaba en mi habitación entre Barbe y Ken.

Una amiga mía guarda una relación parecida a la mía con las letras, pero con el flamenco. Le tiene tal respeto, que no se atreve a cantar en público por miedo a dejarlo en mal lugar. Ahora que hablamos de amores platónicos, se me vienen a la cabeza los cuadros que esbozaba otra colega mía hace unos años; imagínense lo profundos que llegaban a ser, que un día le hice prometerme que me regalaría uno de aquellas fotografías pintadas cuando me casara.Como muchas cosas en la vida, ella dejó de pintar, y yo, de ilusionarme con mi boda. Por seguir contándoles, también os sorprendería conocer a una compañera de paseos que dejó la carrera de Derecho por estudiar Peluquería y Estética; o a un querido primo mío, que renunció a su trabajo de profesor de Ingles en el pueblo por cumplir su sueño lejos de casa.

Todos ellos y muchos que dejo en el camino, se mueven por el mundo con el mismo combustible; un tipo de gasoil que no contamina, al revés, oxigena a aquellos que pasamos a su lado; que no se vende en tiendas virtuales (siento acabar con tu ilusión de buscarlo en Amazon) ni lo encontraras en ningún escaparate; en definitiva, que no ata a las personas, pues las hace más libres.
Porque como digo al comienzo, son grandes tesoros los que guardamos en nuestra niñez, y mucha gente, desgraciadamente, los dejamos ahí, enterrados en el pasado, renunciando a una parte de nosotros mismos; son amantes perfectos con los que podemos ser nosotros mismos sin temor a sentirnos raros, sino especiales; que nos da el aire, y que nos lo quita. Y ahí precisamente está la clave, en rebuscar dentro de nosotros aquello nos quita el aire…