Me he dejado caer por este remolino de nostalgia hasta las tinieblas de los recuerdos,

he topado la puerta del silencio, pero hoy, tengo la llave.

La he guardado siempre bajo mis harapos oscuros, negros como el color de mis ojos al cerrarse.

Ahora la encuentro, rebusco entre mis entrañas y hayo la minúscula ganzúa.

Cuando la tengo entre mis frágiles manos, un huracán la deja caer.

Vuelvo mi cuerpo en su búsqueda, y me hallo de nuevo aquí, buscándola, buscándome.

El azul del cielo me entrega un suspiro del relej interno que no para de girar.

Miro la hora, desconfiando del siguiente paso que he de andar, y recuerdo

que dentro mía no existe el tiempo

que dentro mía, ni el día, ni la noche, guardan tonos oscuros

que dentro mía, el fuego sigue pidiendo soplos y experiencias que quemar, que vivir…

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